miércoles, 15 de febrero de 2017

Modulo 2: La perspectiva estratégica de la Dirección Pública

Si dedicamos un momento a consultar el significado de las palabras:  “dirigir” ….. enderezar, llevar rectamente algo hacia un término o lugar señalado ….. guiar, mostrando o dando señas de un camino …. Gobernar, regir, dar reglas para el manejo de una dependencia, empresa o pretensión …….., y “estrategia” ….. arte, traza para dirigir un asunto ….conjunto de las reglas que aseguran una decisión óptima en cada momento …. ; nos damos cuenta que es fundamental tener claro hacía donde queremos ir. Pues bien el concepto integrador de “Compromiso Social”, una vez planificado y parametrizado, debe constituirse en la meta del sistema público, relacionándolo con el Buen Gobierno y concretándolo en el concepto de Responsabilidad Social.
Los conceptos de misión y visión nos obligan a hacernos preguntas claves en cualquier organización, que a la postre supondrá conocernos mejor y proyectarnos con más fuerza hacia el futuro. La misión está centrada en el presente y la visión nos obliga a hacer esa proyección hacia delante. Son conceptos psicológicos que pueden aplicarse a las personas y organizativos para empresas e instituciones. La visión enlaza completamente con la estrategia, ya que esta supone la proyección a medio y largo plazo de la organización.
Me quiero referir, en esta reflexión hacia alguna organización pública o privada, a la Universidad pública, como una institución central de la sociedad del conocimiento, como fuente fundamental del saber científico, técnico y cultural, y como sistema de formación de los que dirigen la sociedad. Si la Universidad no es ciencia y docencia no es nada, pero si no está justificada en su entorno, si no pone esos recursos a disposición de la Sociedad, es un simulacro. La Universidad no es un fin en sí misma, sino un medio con el que la Sociedad se dota para asegurarse su progreso permanente, y su misión y visión deben ser coherentes con estos principios. La Responsabilidad Social de la Universidad sin duda debe ser con el Territorio que la sustenta, partiendo de una visión territorial global que integre perspectivas y políticas sectoriales, espaciales, y sociales. El enfoque territorial ha sido desarrollado por numerosos autores europeos e iberoamericanos y aplicado en diversos ámbitos geográficos en las últimas décadas. El territorio es considerado como un producto social e histórico, dotado de una determinada base de recursos naturales, ciertas formas de producción, consumo e intercambio, u una red de instituciones y formas de organización que da cohesión al resto de los elementos. Es por tanto necesario lograr una adecuada simbiosis entre Universidad y Sociedad, entre Universidad y Territorio. La Universidad no tiene sentido sin servicio a la Sociedad, sin el compromiso con el Territorio; y los territorios necesitan a la institución como instrumento fundamental para conseguir su desarrollo sostenible. Sin embargo, la brecha que sigue existiendo entre Universidad y Sociedad es muy profunda, a pesar de los buenos ejemplos que se pueden  poner. El auténtico reto está en hacer efectivas las sinergias entre Universidad y Territorio. El sistema universitario público está ante un dilema que va a determinar su futuro a medio y largo plazo. Por un lado, la globalización del conocimiento hace que cada vez tengan menos sentido las posturas endogámicas, de ensimismamiento, localistas, de defensa de derechos adquiridos, de “status quo”. El mundo está inmerso en un proceso de cambios vertiginosos que arrasan las posturas de inmovilismo. Por otra parte, la propia esencia de la Universidad pública española, está basada en la figura del funcionario vitalicio, cuando es evidente que las universidades de prestigio mundial a las que aspiramos a parecernos, no se rigen por un sistema funcionarial aunque sean públicas. Cabe preguntarse si es posible concebir una institución creadora, activa y alerta permanentemente a las nuevas exigencias, manteniendo la seguridad absoluta en los puestos. Debemos interrogarnos si el poder autónomo universitario, que al fin y al cabo se debe a sus votantes dentro de cada Universidad, va a tener la capacidad y la valentía de aprovechar la responsabilidad que da la autonomía para afrontar los cambios,  sabiendo que está en juego el futuro de la institución.

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